viernes, 27 de diciembre de 2013

Qué poderoso caballero es Don Silencio

Gritos, coches, puertas que se cierran, una cafetera lista, el rugir del parqué, el viento entrando por la rendija de la ventana, la lluvia en el cristal, camas que chirrían de todo menos amor, perros que ladran, niños que lloran, personas que ríen; otras que odian. Ruido y más ruido.

Y en estos días de invierno solo estoy segura de una cosa: no hay mejor banda sonora que el sonido de silencio. Miradas que dicen más que cualquier otra palabra y besos que callan más bocas que murmullos. Sonrisas, no risas; porque la risa es contagiosa y por tanto falsa, la sonrisa es honesta y silenciosa. Porque para poder sentir hay que callar, porque las estrellas se observan en el más puro silencio; y porque para hacer el amor no se necesita más que dos cuerpos que se aman. Pasión con una pizca de inocencia, nada de ruido. Porque la felicidad no se mide por las veces que hablas, gritas, o ríes. Es tan fácil como mirar a una persona, atravesar su cuerpo y llegar a su alma para decir: "es feliz". En silencio, con calma. Porque no hay nada más poderoso que el sonido del silencio. Porque el silencio calla, y otorga.